¿21 años?
Mañana cumplo años y la verdad no es muy grato decirlo, sobretodo porque no aparento mi edad y tendré que decirlo de nuevo: sí soy del ‘90, tengo 21 años.
Puede que esa sea mi edad cronológica, pero en realidad el día de hoy cumplo mi primer año de la vida verdadera.
Hace un año estaba en un proceso de cambio. Por distintas razones mi familia y yo nos cambiamos de iglesia y eso significaba dejar mi área de confort y mis amigos con los cuales había crecido. Mas sin embargo el cambio más fuerte fue el de mi forma de pensar. Muchos me conocen como alguien muy alegre y con una risa insoportable que me caracteriza y funciona como radar, pero en ese entonces yo no era realmente feliz.
Confieso que me sentía muy sola, aún estando rodeada de mi familia y amigos, aún teniendo todo: casa, comida, estudiando en una buena universidad. Me sentía harta, culpaba al entorno en el que vivía, la situación de no poder salir por temor y pensaba que huyendo de mi país esta sensación se iba a ir. No tuve oportunidad de irme, pero yo sé por qué, Dios me quería para que me quedara en Monterrey.
En mi tiempo de hartazgo decidí no celebrar mi cumpleaños y en eso mi abuela me invita a un evento que se llama cara a cara con Jesús, en una iglesia que ni conocía durante el 1 y 2 de octubre, una buena barra para decir que no iba a festejarme por ir allí y así no tener que dar explicaciones. Así que acepté ir. Otra de las razones era que un tío mío iría y según yo iba a hacerle compañía. Pero Dios ya lo tenía todo planeado para mí.
Fue hasta el segundo día del evento, tras escuchar del sacrificio de Jesús, del amor tan inmenso de Dios para haber entregado a su Hijo tan amado y que sin importar lo que haya hecho o cuánto tiempo estuviera lejos Él está en espera de mi regreso. Durante casi 15 años escuché esto una y otra vez, pero no fue hasta ese día que Dios reveló lo que hizo por mí, no fue solo por los demás, si no por mí. Yo pensaba: que bueno es Jesús que salvó a los peores pecadores del castigo que se merecían, sin considerarme como una. Pensaba que por ir a la iglesia todos los sábados y domingos, por haber cantado por años y años en el coro, por ayudar de vez en cuando y de mala gana en las actividades o que por decir que era cristiana y que ya había hecho mi profesión de fe era salva.
¡En qué mentirota vivía! Y la muestra de eso es que llevaba una doble vida, quienes me conocían realmente podían darse cuenta. Mi vida era una farsa. Al ver y compararme con los de mi edad que eran cristianos y ver que vivían de una forma que a los ojos del mundo es fanática o religiosa y ver que yo no vivía de ese modo empecé a darme cuenta de que la vida en Cristo no es para los más santos, no es para los señores o para quienes no encuentran otra cosa que hacer y que yo no la estaba viviendo realmente.
Al recordar esto y escuchar el llamado a aceptar a Cristo como mi Salvador no pude resistirme, me tragué la vergüenza y pasé al frente. Sentí una necesidad de pedir perdón a Dios, un verdadero arrepentimiento y un clamor por ayuda; y sabes algo, Dios me escuchó. No puedo explicar lo que sucedió allí, pero en ese instante mi vida cambió. Salí con un gozo y una tranquilidad inexplicable, no como la alegría que solía tener de vez en cuando no entendía que me sucedió.
Al siguiente día desperté con una seguridad de que Dios estaba conmigo, mi alegría volvió y tuve la grandiosa oportunidad de convivir por última vez en esta vida con un amigo/hermano mío que solamente 1 día después le fue arrebatada su vida.
Sé que si esto hubiera sucedido antes de haber aceptado a Jesús me habría devastado, seguiría en depresión o en un estado de amargura que poco a poco te consume. Pero Dios fue fiel y me mostró que el sacrificio de Jesús es aún vigente en nuestro tiempo, que su sangre no fue derramada en vano y si crees en Él con todo tu corazón no importa si le hayas fallado, ya que no ve tus acciones, si no ve a Jesús en ti.
Durante este año han pasado muchas cosas, ha sido un proceso a veces doloroso pero no lo cambio por nada. La vida en Cristo no es la mejor vida, es la vida verdadera.
Se que faltan muchos años, sigo aprendiendo poco a poco, tengo tantos defectos y tantas cosas que cambiar mas Dios está a mi lado, Él pone a las personas indicadas a las cuales admiro para que caminemos juntos y seamos cada vez más parecidos a Jesús. Ahora tengo el privilegio de servir al Dios creador de todo lo que hay, lo que antes era una carga o deber ahora es un deleite.
Si tú que has leído todo esto y no conoces a Jesús, ¿¿¿¿qué estás esperando???? Te corresponde a ti acercarte a Él, solo está a la distancia de una oración. No desperdicies 2 vidas.